A finales de 2011, una persona se me acercó con unas hojas impresas de un foro de Internet para decirme:
–Eh, Yuri, mira esto. Está llegando a Suiza la radiación de Fukushima. Se han multiplicado por quince los niveles de radiactividad en el agua.
–¿Sí? –contesté con no poca displicencia, pues ya llevaba escuchadas unas cuantas de esas.
–No pongas esa cara, hombre. Son mediciones oficiales, míralo tú mismo.
–¿Pero cómo se va a multiplicar por quince la radiación a diez mil kilómetros de distancia? A ver, déjame ver. ¿La Broye? ¿Dónde c*** está esto?
–Aquí pone que entre el cantón de Vaud y el de Friburgo.
–¿El cantón de Vaud…? –recordé, vagamente– Ah, no, entonces esto no viene de Fukushima. Será todavía por aquel accidente nuclear que tuvieron.
Mi interlocutor se sorprendió:
–¿Un accidente nuclear? ¿En Suiza? ¿Cuándo?
–Allá por 1969, en Lucens. Bueno, en realidad nunca ha quedado claro si fue un accidente o un incidente muy grave. Pero se les fue un reactor como su p*** madre. Así que yo lo llamo “el siniestro nuclear de Lucens“. Por suerte estaba metido dentro de una caverna, que si no…
–Vaya, no me lo imaginaba de los suizos. ¿Y cómo fue eso?
–Verás, el caso es que querían hacer bombas atómicas y…
–¡¿Que Suiza quería hacer bombas atómicas?!
–Pues… eh…
Suiza atómica.
Paul Scherrer
El profesor Paul Scherrer (1890-1969) del ETH-Zúrich fue el “padre” de la energía atómica en Suiza. Foto: © Association suisse pour l’énergie atomique / Schweizerische Vereinigung für Atomenergie.
Ya antes de la Segunda Guerra Mundial Suiza realizó sus propias investigaciones sobre el átomo, fundamentalmente en Lausana, Ginebra y sobre todo en el Instituto Tecnológico Federal de Zúrich (ETH). Entre 1935 y 1940 construyeron tres aceleradores de partículas, incluyendo un ciclotrón en el ETH dirigido por el físico Paul Scherrer, con fondos que aportó la industria privada. El profesor Scherrer mantenía contactos con Lise Meitner (descubridora de la fisión nuclear), Otto Hahn (codescubridor), Werner Heisenberg (el científico más destacado del programa atómico nazi, que ya tratamos en este blog) e incluso con el director del Proyecto Manhattan, el general Leslie Groves. Groves le invitó a visitar los Estados Unidos durante el verano de 1945 y en las propias palabras de Scherrer, le enseñó “muchas cosas”, incluyendo los reactores de producción de plutonio de Hanford. Regresó a Suiza diciendo que “¡todo es muy fácil!”
Apenas tres meses después de que los Estados Unidos dieran a conocer al mundo el poder del núcleo atómico mediante los bombardeos contra las ciudades de Hiroshima y Nagasaki, el profesor Scherrer publicó un artículo divulgativo en la edición vespertina del periódico Neue Zürcher Zeitung de 28 de noviembre de 1945 con el título “Fundamentos físicos y técnicos de la energía atómica.” Le siguieron varios más, que cautivaron el interés del público, incluyendo a los políticos y los militares; quienes, como buena parte del mundo por aquel entonces –visto lo visto en Hiroshima y Nagasaki–, tampoco necesitaban una persuasión extrema para convencerse de que no sería mala idea echar un vistazo a eso de la energía atómica, tanto en su vertiente civil como en la militar.
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