La central de Lucens surgió de tres proyectos distintos para la producción de energía eléctrica civil. El primero se remonta a 1956, cuando un profesor del Instituto Federal de Tecnología de Zúrich sugirió sustituir la anticuada planta de calefacción urbana de la ciudad por una nueva, nuclear, que suministrara tanto agua caliente como electricidad. Este proyecto fue avalado por “el Consorcio”, una agrupación empresarial privada constituida en torno a la importante firma industrial Sulzer de Winthertur. Sin embargo, este “Consorcio” carecía por sí solo de la capacidad científica para emprender una obra así.

Lucens, Suiza.
Lucens, Cantón de Vaud (distrito de La Broye-Vully), Suiza. La central se instaló en una caverna a apenas dos kilómetros de la localidad, según se baja por la carretera 1 en dirección a Lausana. Foto: Wikimedia Commons. (Clic para ampliar)
La segunda idea, planteada aproximadamente al mismo tiempo, fue propuesta por las compañías eléctricas Atel, FMB, NOK y EOS. Constituyeron la sociedad Suisatom AG para promover una central nuclear que produjera energía eléctrica puramente, en el río Aar, cerca de Villigen, o sea justo al lado de los reactores Saphir y Diorit. Pero pensaban comprar el reactor a la compañía estadounidense General Electric, con lo que no habría sido un proyecto estrictamente nacional.

Y la tercera, también de las mismas fechas, se originó en un grupo romando llamado Enusa (Énergie nucléaire SA, sin ninguna relación con la ENUSA española.) Enusa tenía un proyecto más definido, realista y alcanzable desde el punto de vista tecnológico: construir una central nuclear experimental en una caverna del cantón de Vaud que tenía buenas características geológicas, con planos estadounidenses pero de fabricación nacional, que sentara las bases para luego desarrollar centrales mayores y mejores. No obstante, a Enusa le faltaba el dinero y parte de la tecnología para embarcarse por cuenta propia.

En 1961, el gobierno federal suizo sugirió a estas tres sociedades que aunaran sus esfuerzos en torno al proyecto más factible (y menos susceptible de “injerencias extranjeras”): el de Enusa en Lucens (Vaud). Pero en vez de usar planos americanos, sería totalmente de diseño y construcción suiza. A los tres grupos les pareció buena idea y en julio del mismo año fundaban la Sociedad Nacional para la Promoción de la Técnica Atómica Industrial (SNA), presidida por el ex-Presidente de la Confederación Hans Streuli. El propósito era crear una central nuclear de características tecnológicas avanzadas que constituyera el penúltimo paso para alcanzar la tan ansiada industria nuclear nacional. Hasta donde yo sé, ninguna de esas empresas era totalmente consciente de que tras ese proyecto se ocultaba un afán de investigación militar (aunque también habrían tenido que hacerse un poco los idiotas para alegar completa inconsciencia.)

Optaron por un diseño con combustible de uranio muy ligeramente enriquecido (al 0,96% en vez del 0,7% natural), moderado con agua pesada y refrigerado por dióxido de carbono: lo que viene siendo un HWGCR. Sus 73 elementos de combustible se parecían mucho a los de las centrales Magnox británicas y UNGG francesas (como Vandellós-1), moderadas con grafito pero también refrigeradas por gas (GCR). Esta es una tecnología especialmente apta para producir plutonio militar en cantidad (de ahí salió el que usaron en las primeras armas nucleares de ambos países.) Generaría 30 megavatios térmicos, de los que se obtendrían 8,3 megavatios eléctricos. La disposición de la central era como sigue:

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